Por victorhcesar25 -20 de julio de 2025
El 19 de julio de 1979, Nicaragua vivió una transformación histórica: la caída de la dictadura somocista tras 43 años de autoritarismo y dependencia externa. La revolución fue encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización que retomó el legado de Augusto César Sandino, guerrillero que resistió la ocupación estadounidense de 1936 a 1943. Su figura se convirtió en emblema de soberanía popular frente al imperialismo.
La Revolución Sandinista no solo fue un acto de ruptura política, fue también un proceso de profunda transformación social. Una de sus acciones más emblemáticas fue la gran Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980, que redujo el analfabetismo del 50% al 12% en menos de un año. Según la UNESCO (1981), fue “uno de los programas de alfabetización más exitosos del siglo XX en América Latina”.
El nuevo gobierno impulsó también una reforma agraria que redistribuyó tierras a miles de campesinos, promovió cooperativas rurales y fortaleció la autonomía alimentaria. El acceso a la tierra fue concebido no solo como cuestión económica, sino como acto de justicia social y reparación histórica. Estas medidas generaron niveles inéditos de participación política desde las comunidades.
En materia de salud, se desarrolló un modelo de atención comunitaria descentralizado, con brigadas médicas y campañas de vacunación en territorios rurales. Para la Organización Panamericana de la Salud (1983), “el sistema nicaragüense representó un modelo innovador de atención primaria integradora en contextos de posguerra”.
A nivel simbólico y cultural, la revolución fue un proceso profundamente pedagógico y estético. Se produjeron miles de murales, canciones, afiches y obras poéticas. Como dijo el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, Ministro de Cultura en ese período: “La revolución no era solo con fusiles, era también con pinceles, guitarras y cuadernos” (Cardenal, 1985).
La revolución también resignificó el papel de las mujeres en los procesos sociales. Miles participaron en la lucha armada, en tareas logísticas, educativas y sanitarias, desafiando roles tradicionales. Se fundó la Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza (AMNLAE), uno de los espacios más activos del nuevo orden revolucionario.
La Revolución Sandinista sigue siendo, más de cuatro décadas después, una fuente de inspiración para los pueblos de Nuestra América que resisten la exclusión, el autoritarismo y el olvido. Como afirmaba Sandino: “La soberanía no se discute, se defiende con las armas en la mano” (Sandino, 1931). Hoy, esas armas también son la memoria, la palabra y la organización popular.
Referencias
Cardenal, E. (1985). En Cuba. México: Siglo XXI Editores.
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). (1981). Informe sobre la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua. París: UNESCO.
Organización Panamericana de la Salud (OPS). (1983). Primary Health Care in Revolutionary Nicaragua. Washington, DC: PAHO.
Sandino, A. C. (1933). Manifiesto a los pueblos de la tierra y en especial al de Nicaragua. Archivo General de Centroamérica.