sábado 28 de noviembre de 2020 - Edición Nº88

Economía y Política | 8 nov 2020

Pino Solana

LA BATALLA POR LAS IDEAS: EL LEGADO DE “PINO” SOLANAS EN EL CINE POLÍTICO Y LA CULTURA

Por Joel López Muñoz


El poder de la palabra en el cine  tiene grandes dimensiones políticas, culturales e  históricas, tanto en el consumo como en los procesos de producción de relatos.  En la cinematografía  hay aparatos económicos que dominan la industria internacional y la producción de narrativas, sin embargo contar nuestras propias historias, realidades, lenguaje, desde un poder popular no ha sido imposible. Hay un tercer cine, otra mirada, un cine descolonizador para crear conciencias revolucionarias creado en la  década de los 70. Es una  herencia cinematográfica  de una generación que luchó por la liberación y la descolonización de la cultura. La  película, La hora de los hornos,  sin duda es un filme crucial y la base  para entender este movimiento y su relación con la actualidad.

La película de Fernando “Pino” Solana, La Hora de Los hornos producida junto a Octavio Getino de 1968 es una película fundacional del cine militante en Argentina y una bandera de lucha para América Latina. El filme arranca con varias placas escritas que dicen: “Mi apellido Ofendido, mi nombre humillado, mi estado civil la rebeldía”   “un mismo pasado, un mismo enemigo, una misma posibilidad”, “desposeídos, marginados, condenados”, “es falsa la historia que nos enseñaron”  “Irreales las libertades que los textos proclaman”, “nuestro primer sesto, nuestra primera palabra, liberación” “para no ser colonia, solo cabe una opción: El poder al pueblo”

El audiovisual como herramienta de transformación social, tiene antecedentes en la Argentina desde sectores populares e intelectuales, que cabe destacar y reivindicar.  La cultura popular como arma de expresión de los pueblos oprimidos es  temida por los poderes opresores, más aún cuando el artista eleva su condición. Como bien decía Hernández Arregui: “Si la miseria de la sociedad capitalista no se eleva al arte como causación revolucionaria, deja de ser miseria redimible para convertir al artista en miserable” El arte entendido como creación del buen sentido y  como herramienta de lucha para expresar ideas.

A pesar que en momentos históricos del país se han usado mecanismos de censura, cineastas desde el compromiso político y la clandestinidad han trabajado para levantar la voz.  Por ejemplo la ley 18.019 de represión cinematográfica y cultural en el gobierno de Onganía a finales de los 60 mostró su temor ante el avance cultural de militantes cineastas comprometidos con las causas sociales.  Mauricio Macri en el 2016 mostró esa misma debilidad, al barrer con la ley de servicios de comunicación audiovisual 26,522 y así  favorecer a los grandes monopolios y frenar el pensamiento crítico.

La penetración neocolonialista, con resquicios de un conunto de modelos,  valores, ideas, indisolubles de una maquinaria económica, un poder y un lenguaje, avasalla contra la cultura popular, no como anticultura si no para imponer una cultura burguesa. En América Latina, antes de una invasión económica capitalista hubo una batalla cultural colonialista, por eso  la  lucha cultural por darle el poder al pueblo, también trata del tener la herramienta comunicacional para contar nuestras realidades.

En 1969 Fernando Solana y Octavio  Getino, escriben Hacia un tercer cine, un manifiesto publicado en Cuba, donde se plasma de forma escrita la manera innovadora de transformar el lenguaje cinematográfico como un acto de resistencia y liberación de los pueblos oprimidos. Acá un fragmento:  “La lucha antiimperialista de los pueblos del Tercer Mundo y de sus equivalentes en el seno de las metrópolis, constituye hoy por hoy la más gigantesca manifestación cultural, y artística de nuestro tiempo, la gran posibilidad de construir desde cada pueblo una personalidad liberada: La descolonización de la cultura.

Para  dar una batalla por la descolonización hay que entrar en la dimensión cultural, tal como lo  muestra la obra de Fernando “Pino” Solanas.  El arte es un es un desafío, y la experiencia histórica nos ha enseñado que darle poder al pueblo es que tenga la herramienta para expresar la palabra.  Desafío en el periodismo, la comunicación,  el arte y la cultura popular.

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