

Por Sigfrido Reyes
Cuando las grotescas invenciones vienen desde la capital imperial, merece que reflexionemos con más atención lo que estaría moviéndose detrás de los bufones y saltimbanquis de la corte trumpista. Las agresiones contra Venezuela y su proceso revolucionario arreciaron a partir del año 2015, cuando un presidente demócrata, Barak Obama, que se daba aires de “progresista”, se sacó de la manga el invento de que Venezuela representaba “una amenaza inusual y extraordinaria” para los intereses de los Estados Unidos. Amenaza inexplicable y a la vez risible: Venezuela económicamente es 300 veces menor que Estados Unidos, potencia que aún lidera mundialmente el sistema financiero, monetario, tecnológico y bursátil.
Si la amenaza fuese militar, la acusación es cínica: Venezuela gasta alrededor de 5 mil millones de dólares anuales en su defensa, mientras los Estados Unidos exhiben el mayor gasto militar del planeta, rondando los 950 mil millones de dólares para el año 2024.
Venezuela no tiene portaviones; Estados Unidos tiene más de 15. Venezuela no tiene armas nucleares; Estados Unidos, miles. Venezuela no tiene aviación de alcance estratégico; Estados Unidos, sí. Podríamos comparar otros indicadores de poderío militar entre ambos países, mas no ése el propósito de esta reflexión. Es simplemente demostrar la desfachatez de la acusación desatada por Obama y mantenida y reforzada por Trump.
Luego vino, en el primer gobierno de Trump, el paso a la locura. De la nada, los halcones en el Departamento de Estado y la Casa Blanca se inventaron la rocambolesca historia del “Cartel de Los Soles”, una imaginaria agrupación de tráfico de drogas, tan ficticia que ni siquiera la DEA, el organismo especializado en la materia, la tenía, y hasta hoy no la tiene, en sus registros. Y, como era de esperar, pusieron al Presidente Nicolás Maduro y a otros dirigentes del Estado venezolano, a la cabeza de esa fantasmagórica organización criminal, con recompensas monetarias incluidas, para supuestamente llegar a la captura de los líderes bolivarianos.
En estos momentos esta inverosímil historia Washington la está escalando a niveles demenciales. La despistada Secretaria de Justicia Pamela Bondi anuncia con estruendo mediático que han subido las millonarias “recompensas” por información que conduzca a la captura del Presidente Maduro. Y casi de inmediato lanzan un operativo naval en el Mar Caribe, frente a las costas venezolanas.
En paralelo, toda la maquinaria mediática plegada a Washington en el mundo, y en especial en América Latina, se desvive por reproducir y ampliar la narrativa fantasiosa, trazada desde los laboratorios de guerra sicológica del imperio. Vemos la saturación mediática con titulares escandalosos como “inminente invasión a Venezuela”, “Maduro a punto de abandonar el poder”, “el Comando Sur se alista a intervenir en Venezuela”, y una larga lista de etcéteras.
En realidad asistimos a una deslucida obra teatral, ideada por mentes mediocres, montada sobre un esperpento que bautizaron “Cártel de Los Soles”. ¡Vaya qué poca creatividad¡ Y aunque el objetivo final de toda esta histérica operación política contra Venezuela está meridianamente claro, su puesta en escena es paupérrima, lindante con lo grotesco.
El invento del gobierno estadounidense es falso de pies a cabeza. Con ese mismo gobierno de Venezuela, al que acusa con tanta vehemencia, es con el que negocia la renovación de acuerdos petroleros, el retorno de migrantes venezolanos prisioneros en campos de concentración en EL Salvador, la liberación de mercenarios estadounidenses y la vuelta a casa de miles de ciudadanos venezolanos, expulsados por las políticas xenófobas de Trump.
El desquiciamiento de Washington llega al límite de absurdo, pues ellos mismos no mueven un dedo para contener a las mafias que trafican, venden y se benefician del gigantesco negocio del narcotráfico en las calles y ciudades de Estados Unidos. Por otro lado, el Informe 2025 de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Crimen UNODC destaca que las grandes rutas del narcotráfico (donde transita más del 90% de la droga) tienen origen en el Pacífico y el Caribe Occidental, no en Venezuela.
Con todo, el pueblo venezolano no debe bajar la guardia. Tres destructores, un submarino y algunos aviones de espionaje no van a perpetrar una invasión militar, pero generan estridencia y escándalo, para amenazar a un pueblo. Afortunadamente la defensa militar del territorio venezolano está garantizada, con el concurso adicional de varios millones de milicianos bolivarianos.
Cualquier locura belicista de Trump, Rubio y otros del mismo círculo en Washington, sería respondida como corresponde. Mientras tanto, América Latina, declarada zona de paz desde el año 2014, y el resto del mundo, están muy atentos, solidarios y dispuestos a apoyar a Venezuela.
(*) Nota de La Agencia Hondureñas de Noticias