

Por Jorge Francisco Cholvis
1. El marco político e ideológico del discurso único del modelo neoliberal y del mercado como panacea es la expresión del poder concentrado ejercido por los sectores dominantes; y el egoísmo e individualismo incorporados como pautas de conducta, llevando a la pérdida de la solidaridad social. Asistimos a un duro debate en el que confrontan las dos corrientes que en distintos tiempos y de diferentes formas luchan por predominar en la historia. Dos modelos en pugna. Confrontación que existe tanto en distintas zonas del planeta, como en el contexto regional y en Argentina. Es la disputa sobre la distribución del ingreso, del producto social; o sea, quienes serán los destinatarios del resultado de políticas socioeconómicas.
El modelo “neoliberal” con el marco político e ideológico del discurso único, dejó en evidencia sus perjudiciales consecuencias para el país y su pueblo. Tal el sometimiento externo y la crisis social. Actualmente lo está sufriendo en carne propia la mayoría del pueblo argentino. Ello se desarrolló y aplicó en el marco de la Constitución escrita vigente.
2. ¿Cabe que nos preguntemos qué se entiende por proyecto? Se puede decir que un proyecto (palabra que proviene del latín proiectus) es el orden que se piensa para la ejecución de una cosa de importancia, anotando y extendiendo todas las circunstancias principales que deben concurrir para su logro. Es el designio o programa para ejecutar una idea o conjunto de ideas. Es intención, pensamiento, planificación de varias actividades que se encuentran interrelacionadas y coordinadas. La razón de un proyecto es alcanzar objetivos específicos, calidades preestablecidas. Surge a impulso de una necesidad, acorde con la visión de quienes intentan darle respuesta.
Los proyectos sociales o públicos apuntan a mejorar la calidad de vida del pueblo. Un proyecto social y político identifica al conjunto de actividades orientadas a obtener un resultado que satisfaga las necesidades urgentes de una comunidad. Busca alcanzar un impacto en la calidad de vida de la población. Basándonos en el contenido del mismo es que lo llamamos nacional, popular, democrático, integrado y federal. Tenemos que recalcar que es el proyecto más importante, en la medida que influye en todo un país; y pone marco a toda actividad que se emprende para sacar adelante una Nación. Es marcar cuál debe ser la dirección de un Estado, de una patria y de un gobierno, lo que no es otra cosa que defender irrestrictamente la dignidad del pueblo y los derechos de la Nación. Es el camino que se deben recorrer por los mayoritarios sectores populares para concluir con el restaurado proyecto neoliberal que está en marcha en el país a partir del 10 de diciembre de 2023.
3. Una concepción fundamentalmente política que prevalece sobre recetas tecnocráticas, sostiene como objetivo clave, consolidar nuestras banderas de Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social; y, por cierto, que ellas deben servir como marco ideológico y conceptual en la propuesta e instrumentación de programas y políticas públicas nacionales, provinciales y municipales.
Entendemos que hoy más que nunca gobernar es crear trabajo, y por esta razón no pueden cederse márgenes de autonomía en política económica que impidan o menoscaben las decisiones en el nivel de empleo, y las políticas fiscales o de ingreso. Por cierto, no se puede subordinar a las insinuaciones del mercado la decisión de lo que se ha de producir.
Es el Estado por su eminente función rectora, quien debe tomar decisiones racionales en cuanto a la estructura de la producción. Las pautas y el perfil que es su resultante componen el proyecto para el desarrollo, cuya concepción debe ajustarse en muy estrecha simbiosis al proyecto de país o proyecto nacional, que consagre como modelo promover sobre bases sólidas el desarrollo económico y el bienestar social.
4. Como proceso permanente la planificación estratégica incorpora mecanismos de recalculo, que permiten conocer la auténtica relación de fuerzas entre los grupos sociales, las particularidades estructurales presentes en el sistema, y los obstáculos que se presentan respecto a los objetivos establecidos, a fin de definir la aplicación de las medidas de contingencia más apropiadas a cada circunstancia. Sólo así podremos superar la improvisación y la debilidad que nuestra Nación ha mostrado para ser cooptada por políticas neoliberales que la desintegran y condenaron al Pueblo a la pobreza (Conf., Aníbal Jesús Stella, “Aportes desde La Matanza al Modelo Argentino” , Buenos Aires, junio 2019, pág. 55).
Por ello, es imprescindible tener presente a la planificación como “herramienta” , para imprimir unidad de concepción y de acción (direccionalidad estratégica) a la multiplicidad de dependencias y organismos de la Administración Pública, pues con su implementación se dotará a aquella de un modelo y un conjunto de metodologías y técnicas diseñadas para lograr la consistencia buscada entre los objetivos políticos y estratégicos del gobierno y los planes definidos para cada una de las áreas institucionales, de forma tal que haya coherencia con el desempeño operativo de cada una de ellas.
5. La Argentina precisa planificar en forma integral su desarrollo urbano, rural y territorial a corto, mediano y largo plazo, a fin de garantizar mediante la planificación estratégica, la armonía regional y la migración interna en la diversidad de la geografía nacional. El Estado Nacional deberá federalizar el crecimiento económico y demográfico, desconcentrando los procesos productivos, el poder político y económico, y los servicios tecnológicos. Se ha de observar la necesidad de fortalecer la autonomía de los municipios y lograr un desarrollo armónico de territorios y ciudades en toda la extensión nacional.
Sin dudas, es necesario planificar estratégicamente el futuro de nuestro territorio para defender la integridad territorial. Y la pronta realización de estos objetivos estratégicos dependerá de la inteligencia política para aprovechar el desarrollo científico-tecnológico con perspectiva federal y articular políticas regionales con sus instituciones académicas locales.
Es imprescindible en la planificación estratégica garantizar la armonía regional y promover la migración interna de nuestros compatriotas hacia la diversidad geográfica nacional. Por ello, insistimos, gobernar es a la vez poblar y crear trabajo, y para su logro es necesario tener un proyecto de desarrollo económico regional con creación de riqueza y generación de trabajo mediante la industrialización en el lugar de origen de las materias primas.
6. La Argentina precisa con urgencia planificar en forma integral su desarrollo urbano, rural y territorial a corto, mediano y largo plazo, a fin de garantizar mediante una planificación estratégica la armonía regional y la migración interna hacia la diversidad de la geografía nacional. La planificación poblacional debe producir las correcciones necesarias para evitar el colapso demográfico en el uso de la tierra; a fin de resolver la mayor concentración poblacional en las grandes ciudades, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida e inconvenientes en las políticas públicas de planeamiento urbano, contaminación, seguridad, educación, salud y generación de empleo. El Estado Nacional deberá federalizar el crecimiento económico y resolver el demográfico, desconcentrando los procesos productivos.
Por lo que, advertimos, la descomunal concentración geográfica de la riqueza que presenta nuestro país genera una evidente desproporción entre los recursos y gastos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los del resto de las provincias. Urge identificar meticulosamente las potencialidades de cada una de las zonas del país (Provincias y Municipios) y brindarles los proyectos de infraestructura necesarios para su promoción. Lo cual nos lleva a sostener a la planificación estratégica local en busca de su propio desarrollo regional, que dará como resultado crecimiento económico, desarrollo humano y justicia social.
7. Por ende, se debe corregir con urgencia el desbalance en la ocupación del territorio. Para ello, es imprescindible comenzar descomprimiendo la macrocefalia de CABA a fin de terminar con el diseño de “país abanico” , con vértice en la región metropolitana de Buenos Aires. A esos efectos es imprescindible lograr un desarrollo armónico de territorios y ciudades en toda la extensión nacional; y en especial desarrollar las economías regionales acrecentando su articulación productiva y demográfica. Y, por cierto -como vimos- , un desarrollo científico-tecnológico con perspectiva federal y articular las políticas regionales con sus instituciones académicas locales.
Es imprescindible en la planificación estratégica garantizar la armonía regional; y para ello será necesario tener un proyecto de desarrollo económico regional con creación de riqueza y generación de trabajo mediante la industrialización en el lugar de origen de las materias primas, y la formalización de las economías provinciales y regionales. La armonía del desarrollo regional garantizará el crecimiento con equidad y mayor potencialidad para la Nación toda. La economía nacional precisa lograr un desarrollo planificado y multisectorial.
Cabe insistir que todas las naciones que gozan de un alto nivel de desarrollo pertenecen al mundo industrializado. Y por el contrario los países sin industria, o con una actividad fabril insuficiente, sufren las penurias que son el rasgo común de las regiones subdesarrolladas. La experiencia confirma la validez de ambas premisas, y de ellas se desprende, como una suerte de silogismo, esta conclusión terminante: sin desarrollo industrial no es posible el desarrollo económico.
La lucha por lograr los objetivos coyunturales, y así resolver los problemas más inmediatos que padece nuestro pueblo necesariamente lleva al plano estructural; discernir por qué se ha llegado a esta situación y cómo se la supera; y así consolidar una nueva etapa de “buen vivir” para la nación y su pueblo. Si el proyecto fenece, puede decirse que ha fracasado; y si logra su objetivo la Constitución se ha de ajustar al mismo. Es el futuro del proyecto.
8. Venimos sosteniendo que en su integridad la Constitución es, ciertamente, una estructura multidimensional: cultural-económica en la base (Constitución real) y jurídicoinstitucional en el vértice (Constitución jurídico-formal). Desde el momento en que se recuperó la noción de la realidad conceptual de la Constitución, frente a la ideología que presentaba a la Constitución escrita abarcando la realidad global de la misma, quedaron claramente conceptuadas la infraestructura sociológica y la sobreestructura jurídica de la Constitución. Y como a estos dos aspectos de una misma realidad se los denominó Constitución, hubo de diferenciarlos con nombres complementarios: al primero se lo llamó Constitución “real” y al segundo Constitución escrita o “jurídico-formal” . Y veamos que comprende este concepto: es un conjunto de normas jurídicas que regulan los poderes u órganos del Estado, y establecen las obligaciones y derechos de los habitantes disponiendo el contenido social y político que debe animarla.
Es que la Constitución más que un instrumento jurídico es la institucionalización al más alto rango normativo de un Proyecto de Nación definido, compartido y apoyado por los más amplios sectores de la población. Por ende, el pueblo no puede estar ausente de esta problemática. Estamos en el siglo XXI donde debe tener plena vigencia la democracia social y participativa. No cabe sostener procedimientos y métodos del siglo XIX para lo que fue una sociedad simple y no participativa.
9. Por tanto, debemos remarcar que para modificar la Constitución real que aún rige en la Argentina, es necesario realizar un amplio debate con organicidad, compromisos y garantías; fijar la metodología más adecuada, sus tiempos, las asambleas y cómo se evaluarán todas las opiniones, a fin de plasmar el Proyecto Nacional que debe ser el objetivo para lograr la plena vigencia de los derechos de un pueblo soberano. Es prioritario concretar la alternativa efectiva de poder político nacional que permita concluir con todas las causas que postraron a la Nación, y apartar a todos los sujetos que las facilitaron. Luego, el cambio de la Constitución real producirá -recién en ese momento- la necesidad de una Asamblea Constituyente que institucionalice con procedimientos y metodología adecuados, el Proyecto Nacional del país de los argentinos en una nueva Constitución escrita acorde a nuestra realidad del siglo XXI.
Con todo acierto en 1974 Perón señaló en El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional que “el camino a seguirse para efectuar los ajustes institucionales necesarios deberá partir, naturalmente, de una reforma de la Constitución Nacional. Para ello es preciso –decía recoger las opiniones de los distintos sectores representativos de la comunidad argentina. De esta forma seremos fieles al principio de que las grandes realizaciones no se llevan a cabo si no es con la participación de todo el País”. Ya en ese tiempo remarcaba que “el País necesita ver materializado el Proyecto Nacional”.
Sin duda, un Proyecto tiene objetivos políticos, y a través de la política económica designa los instrumentos o medios requeridos para alcanzar su meta, a la vez que va postulando nuevas bases para dotarlo de permanencia. En todo proyecto se encuentran diversas etapas para su definición y concreción. Como vimos, primero surge una idea que reconoce una necesidad, y que en el caso del Proyecto Nacional no es otra que defender irrestrictamente la dignidad del pueblo y los derechos de la Nación; luego viene el diseño del contenido del proyecto en sí mismo con la valoración de las estrategias y opciones; y finalmente se llegará a la etapa de su realización. Es el recorrido para la concreción del proyecto. Pero, para su permanencia se requiere una etapa más: es indispensable la institucionalización del proyecto al más alto rango normativo.
10. Es imperioso adoptar propuestas concretas sobre la problemática socio-política nacional, y sobre las pautas del Proyecto Nacional. Será realizar la alta política que precisa la Nación. El Pueblo no puede estar marginado. Es inadecuado e injusto, y debe contar con una participación protagónica en la definición de la metodología, procedimientos y contenidos. Para concluir con el modelo neoliberal es preciso desarrollar en esta etapa histórica de la Argentina el nuevo Proyecto, con aportes desde una perspectiva multidisciplinaria y plurisectorial; la trascendencia del tema lleva a descartar desde hace mucho la alternativa que sostenga que sea encarado solamente por un sector social o político.
Como programa de acción para su realización proponemos que con amplia participación popular se definan los ámbitos y criterios de organización, la metodología y pautas para avanzar en el debate. Luego vendrá la segunda etapa sobre el contenido del proyecto; qué país desean ahora los argentinos. O sea, debatir y definir sus puntos esenciales con una interpretación constitucional avanzada respecto a la estructura institucional para su ejecución. La tercera etapa, ha de encarar el diseño arquitectónico de la Constitución como marco del nuevo proyecto, y alcanzar su institucionalización al más alto rango normativo.
Por ello, es necesario acometer un gran debate en el cual los distintos estamentos de la sociedad defenderán sus juicios y propuestas. Pues para expresar de la manera más clara y fundada la determinación que se ajuste mejor al interés de la República y al bienestar de su Pueblo no alcanza el análisis sólo en el plano de técnicos o especialistas en temas constitucionales. Sólo con la participación protagónica de las distintas expresiones del pueblo en la definición del proyecto y en la construcción del motor del proceso político, se logrará el alto objetivo de tener una nación soberana y un pueblo feliz.
Castelar, agosto 25 de 2025.