lunes 26 de octubre de 2020 - Edición Nº55

Economía y Política | 1 sep 2020

Por Jorge Elbaum

30 de agosto, 30 mil nombres

En el Día Internacional del Detenido-desaparecido, no olvidamos. Nota de Jorge Elbaum.


30 de Agosto. 30 mil nombres
Día Internacional del Detenido Desaparecido

No hubiésemos sido lo que somos sin ellos. En sus manos caídas, ausentes de tacto, está el recado.

Todo lo buenos que podemos ser como seres humanos estuvo plantado en ese colectivo de sueños encarnados por cuerpos rebeldes, valientes, furibundos. Dispuestos a conquistar el cielo por asalto. No seríamos, digo, ni vamos a poder siquiera a postularlo sin asumir que todo lo que vino después estuvo iluminado por sus trayectorias de voluntad amorosa y política.

Hasta sus madres, abuelas, hijos y nietos fueron reconfiguradxs por ellxs. Pero más fuerte aún: llegaron a teñir sus historias personales junto al derrotero de millones que los recuerdan, lxs llevan en las mochilas a las marchas, lxs presentifican en las Comisiones Internas de las fábricas y lxs traen al calor de la discusión junto a tres gritos de “presente”, en las asambleas interminables de las facultades y los secundarios.
Nuestrxs compañerxs, los 30 mil, son la uña encarnada del dedo índice del poder. Debe ser por eso que ya no logran señalarnos con la impudicia con que solía presumir. Los señores de la muerte ya no consiguen ocultar ninguna estrella, ni acaso desdibujar ninguna de sus apuestas militantes enclavadas en los ojos del presente.

Son y fueron vidas enteras porque su deriva en el humo de estas décadas no le permitió a los sacristanes de la tortura borrar los fragmentos de sus cotidianidades segadas. Varias canciones nos ensamblan con sus familias generacionales: las consignas reconvertidas en fotos en los pechos de sus continuadores nos rodean, como destinos, en cada movilización popular.

Para los genocidas quedará la tumba mugrosa de la ignominia y el desprecio. El peor final: la cáscara sin nombre. El epitafio raspado que nadie reconocerá ni recordará. Algunos, previo a eso, se pudrirán en sus cárceles de odio, roídos por los gusanos de su íntimo oprobio. Serán atravesados, además, por los grilletes punzantes que imaginaron nuestros huesos, clavados sine die en sus vísceras. Otros cargarán, como describió el Dante, con la degradación hecha harapos del que alguna vez incrustó su eternidad con la perpetua mácula de Caín.

Mientras tanto, como en un loop de sinfonías verdaderas, vendrán uno a uno los rostros y los apellidos de nuestrxs compañerxs. Cada vez sabremos más de sus múltiples risas. Veremos en la serie de nuestro futuro esos abrazos compartidos que alguna vez procuraron. Recién ahí empezaremos a ser capaces de entender la razón última de sus riesgos de coraje alumbrados por lanzaderas de amor trasmutadas en fuego.

Hoy son el homenaje que el llanto no logra diluir por las mejillas de la historia. Esxs 30 mil son millones. Pero no todos los millones que merecen ser. Recién serán cuando lo que conjeturaron con sus cuerpos se establezca como Matria/Patria. Y esa sea, por fin, la casa justa que pretendieron construir. Ese hogar conde los más vulnerables, los más sólxs, los más débiles y sus lastimadxs lleguen a florecer –sin obstáculos– en las formas buenas de vidas plenas. Algo que en forma empecinada, los poderosos intentaron e intentan evitar.

Su presencia no alcanza aún la altura equivalente de lo que fue el impulso de su época. Aún nos queda la tarea de instituirlos, como se debe, en la fragua de la presencia proyectada. Una promesa de memoria que asume sus programas vitales de belleza.

Las victorias y las derrotas no son capítulos finales. Son veredictos esquivos. Fuimos derrotados en una esquina brumosa de hace 4 décadas. Pero resultamos triunfantes en este gesto de rememoración presentificada que les seguimos dando. Este país empezó a ser otro con sus vidas. Hacerlos presente es seguir militando.

Publicado en DejameloPensar

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