sábado 24 de octubre de 2020 - Edición Nº53

Género y Salud | 17 oct 2020

Doña María y Perón

17 de octubre de 1945, una visión Femenina.

Mucho se ha dicho y escrito, pero siempre desde la visión del varón. Son pocas las oportunidades, salvo con Eva Perón, que se les dio voz a quienes fueron protagonistas, junto a los hombres de dicha jornada como Alicia Moreau de Justo y Victoria Ocampo, que fueron adversas a dicha movilización.


En las calles, la muchedumbre cada vez más numerosa está dispuesta y decidida a llegar a Plaza de Mayo. 
Tanto en Tucumán, como en Buenos Aires, como en Córdoba y Salta los obreros se aglutinan en las puertas de sus trabajos. Son muchos los que preguntan por Perón. 
 En los barrios porteños del conurbano, donde abundan las fábricas, comienzan las movilizaciones que claman por su nuevo líder. 
En Berisso los trabajadores de Swift y Armour dan la voz. Muchos hombres se destacan y junto a ellos muchas mujeres, quienes gestarán esta epopeya.
 Cipriano Reyes había creado el primer Sindicato Autónomo de la Industria de la Carne y junto a él una mujer de contextura pequeña sobresale entre otras. 
Es María Roldán, la llaman Doña María.
Fue la primera delegada sindical de Latinoamérica. Perón le había delegado más de una tarea. 
Su nombre completo era Natalia Bernavitti de Roldán, tenía 37 años y aunque su historia haya quedado opacada tras la figura de Cipriano Reyes, fue la mujer que “hizo” el 17 de octubre de 1945 en Berisso. Cuando niña,
la actividad de su padre, cosechero, obligaba a toda la familia a ir de pueblo en pueblo hasta que, en 1933, ya casada, se instala en Berisso. 
Para el 17 de octubre, se encontraba despedida del frigorífico, después de la huelga por ser una de las obreras más combativa, pero con muchos de sus compañeros presos y Cipriano escondido, solo le quedaba empezar a convencer a muchos y muchas que la seguían, para ir al rescate de su líder. 
Estaba convencida que en el Hospital Militar lo matarían. Como no podía entrar a la fábrica le dice a su marido que simule una pelea con otros en la puerta. La maniobra de distracción dio el resultado esperado, porque los vigilantes que allí estaban se distrajeron y María pudo entrar a convencer a sus compañeros y compañeras para ir a Capital Federal.


La Plaza de Mayo comienza a colmarse.
En la Casa de Gobierno, el Presidente Farell y el Ministro de Guerra Avalos reciben el continuo informe de la policía, que dan cuenta de los acontecimientos. Existen presiones por parte de algunos militares que impulsan la represión a los manifestantes.
Domingo Mercante, colaborador de Perón, llega a la casa de gobierno con una orden de este: dejar que se junte la mayor cantidad de gente. 
Avalos le ordena a Mercante que intente hablarle a la multitud, para desconcentrar. Ante el intento inútil de Mercante de dar un discurso, porque la multitud pide por su líder, el mismo Avalos sale para convencerlos, objetivo que no puede cumplir.

A las 17 horas el calor en la Plaza de Mayo es insoportable y los que pueden “meten las patas en la fuente”.
Como en la actualidad, ningún diario de la tarde da cuenta de lo que está ocurriendo, solo el Diario La Época, cuyo director apoya a Perón.
La espontánea consigna popular de concentrarse en Plaza de Mayo es un hecho sin precedentes. 
Farell se retira a la Residencia Presidencial y deja a cargo a su Ministro de Guerra quien decide entrevistarse con Perón en el Hospital Militar. Tras la reunión, Avalos se comunica con Campo de Mayo para anunciar que Perón hablará al pueblo desde los balcones de la Casa de Gobierno. 
La noticia conmueve a los militares que provocaron la renuncia, pero la desconcentración por medio de la fuerza ya no es posible sin provocar una masacre.
Perón decide que es el momento esperado para actuar y marcha a entrevistarse con el Presidente Farell. Tras 40 minutos de reunión ambos se dirigen a la Casa de Gobierno.
En la Plaza la noche se ilumina con miles de antorchas improvisadas.
A las 23:10 Perón sale al balcón y la multitud lo proclama como su nuevo líder que evidencia el nivel de politización y organización de la clase obrera argentina.
 Los trabajadores y Perón forjan un pacto indestructible, un pacto que trascenderá los tiempos.

Doña María y Perón
Quienes la conocieron dicen que Doña María tenía muy buen vínculo con Perón y que él la llamaba así, por su nombre de pila. Cuentan que algunas veces, por las noches, y para que nadie se alertara, iba al sindicato a charlar con los delegados y María era la encargada de cebarle mate amargo. También dicen que era muy obstinada: “General, necesitamos un barrio acá en Berisso, necesitamos un hospital también”. Perón, para que no insistiera con los pedidos, le respondía: “Está bien, María, está bien”. La escuchaba y acusaba recibo de sus pedidos. Y en 1951 se construyó el Barrio Obrero de Berisso.
Doña María figura poco y nada en la historia del peronismo, del sindicalismo y, sobre todo, en la epopeya de aquel 17 de octubre de 1945 donde su labor fue clave para movilizar a la ciudad. Según reflejan los relatos de la época, la zona sur aportó casi el 50% de los concurrentes a la Plaza de Mayo. Las tramas de la política fueron muy injustas con ella y ni siquiera tuvo un cargo de concejal en su propio municipio.
Hoy seguimos luchando para lograr una Patria Justa, Libre y Soberana. Nuestras tres banderas peronistas.

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