lunes 18 de octubre de 2021 - Edición Nº412

Internacional | 12 may 2021

Palestina

‘Hay fundamento para hablar del terrorismo de Estado de Israel': presidente de la comunidad palestina en Latinoamérica

Rafael Araya Masry, presidente de la Confederación Palestina para Latinoamérica y el Caribe (COPLAC), comparte las reacciones de la comunidad palestina frente a las agresiones israelíes en Jerusalén y la Franja de Gaza.


Por Daniel Salgar Antolinez

Las imágenes de operaciones militares israelíes en la Franja de Gaza vuelven a hacer parte de la dieta informativa en los medios internacionales. Esta vez, los bombardeos han dejado al menos 28 palestinos muertos y 152 heridos. Según medios israelíes, dos israelíes murieron y ocho resultaron heridos en ataques con cohetes desde Gaza. La violencia viene escalando desde los intentos de Israel por expulsar palestinos de sus hogares en el barrio Sheij Jarrah de Jerusalén Este, y desde la incursión de fuerzas israelíes en la emblemática mezquita de Al-Aqsa, en pleno mes sagrado del Ramadán.

Rafael Araya Masry, presidente de la Confederación Palestina Latinoamericana y del Caribe (COPLAC) y miembro del Consejo Nacional Palestino, comparte sus reacciones frente a estos hechos.

AA: Vemos escenas que se repiten cada cierto tiempo: ataques militares de Israel en la Franja de Gaza, episodios de violencia en Jerusalén en el barrio Sheij Jarrah y en los alrededores de la emblemática mezquita de Al-Aqsa. ¿Cómo reacciona ante esto la comunidad palestina en Latinoamérica?

Es la constatación trágica de un proceso que comenzó hace 70 años en Palestina de limpieza étnica de todo lo que signifique rastros o rasgos culturales de un pueblo por la vía de la opresión, la expulsión, el exilio y la eliminación física. Lo de Palestina es un genocidio por goteo, lento, pero implacable. Ese proceso de limpieza étnica tiene tal vez su expresión más cruda en lo que pasa en Sheij Jarrah hoy, porque se trata de desposeer, robar, usurpar propiedades de familias palestinas que viven en ese barrio en Jerusalén Oriental, que según la ley internacional es territorio palestino porque está más allá de la línea verde y porque entra en lo que la Corte Internacional de Justicia dijo que constituía frontera.

Este proceso de desposesión, básicamente en la ciudad santa de Jerusalén que Israel ha declarado su capital única e indivisible, significa lo que decimos: borrar todo vestigio humano, gráfico, de monumentos, escritura, rasgos culturales de un pueblo que ha vivido ahí durante muchos siglos. Entonces, esto es la continuación violenta a través del terrorismo de Estado, de un proceso que busca la expulsión de la palestinidad de la parte oriental de Jerusalén, que está destinada a ser la futura capital del Estado palestino. Esto es la reafirmación del propósito sionista de vaciar a Palestina de personas nativas y de todo su acervo cultural y su sentido más profundo de patria.

AA: Todo esto comenzó por una orden de desalojo a palestinos que habitan en este barrio de Sheij Jarrah

Esto comenzó hace muchos años, no es una historia que se le haya ocurrido espontáneamente al Estado de Israel. Es un proceso que lleva más de 10 o 15 años y que acontece como punto culminante en Sheij Jarrah, pero que se lleva a cabo en todo Jerusalén Oriental. Y esto sucede porque nos enfrentamos a un régimen político envalentonado por lo que Donald Trump hizo al reconocer a Jerusalén solo como la capital del estado de Israel, trasladar allí su embajada y autorizar la expropiación de tierras en Cisjordania. Encontramos un ejemplo muy cruel de fascistización de las propias prácticas del Estado de Israel.

No es que Israel manda al ejército a desalojar, sino que manda a los civiles primero, a los colonos a que apedreen a la gente, a que los insulten. Es fascista utilizar a la población civil como herramienta de una política de estado para expulsar habitantes. Esa es la parte trágica de la historia: el Estado logra que la población civil se compenetre con un proyecto de fascistización, nos encontramos ante una sociedad con un profundo daño interior, porque el proyecto político que encarna hoy Israel está enajenando a esa población y privándola de una capacidad de discernimiento frente a la crueldad, el despojo, el desamparo de otra población que tiene los mismos derechos que los israelíes a tener su propio estado y vivir en su propia tierra.

AA: La mezquita Al-Aqsa ya ha sido escenario de fuertes provocaciones y levantamientos. ¿Por qué este lugar es tan importante para los palestinos y por qué vimos allá los primeros hechos de esta escalada de violencia?

La mezquita Al-Aqsa tiene una significación importante no solo para los musulmanes de Palestina, sino que es el tercer lugar más sagrado del islam. Esto tiene una connotación que excede a la palestinidad. Toda la crisis en la mezquita de Al-Aqsa comienza en el año 2000, cuando el entonces primer ministro Ariel Sharon se fue a pasear con sus ministros por la explanada de las mezquitas, en abierta violación a los acuerdos existentes hasta ese momento, que establecían que la población judía no podía ingresar a este complejo. Sin embargo, fueron y provocaron la Segunda Intifada, que fue un levantamiento popular muy grande en resistencia a la ocupación. Eso hoy permanece como una espina clavada en el corazón del pueblo palestino, porque los religiosos israelíes y todo el sionismo dice que la mezquita tiene que ser derribada porque ahí supuestamente están encontrando vestigios del segundo templo de Salomón, entonces tienen que erigir ahí el tercer templo. Esto ocurre porque el sionismo, que es un movimiento nacionalista y colonialista, se ha subido a las espaldas del judaísmo para concretar un proyecto justificado por la supuesta teoría bíblica que dice que esta es la tierra prometida al pueblo de Israel, la tierra de Canaán.

Cuando uno encuentra una ideología que ha instalado a dios como un agente inmobiliario y a la biblia como un título de propiedad, cuando se coloca a la deidad como un dador generoso de tierras y propiedades, se vuelve difícil la discusión: ¿cómo discute uno sobre la voluntad de dios? El judaísmo, islam, cristianismo, son religiones básicamente humanistas, pero cuando se las utiliza -como es el caso del judaísmo- como pretexto para avanzar sobre los derechos de otros con base en la promesa divina, se distorsiona el derecho de cada pueblo a su libre determinación, tal como lo consagra la ley internacional que es la que regula las relaciones entre estados.

AA: ¿Teniendo en cuenta todos estos antecedentes, cree que estamos ad portas de ver otro enfrentamiento prolongado como el de las intifadas?

Lo que ha quedado claro en estos actos de resistencia masiva es que Palestina es un pueblo que lucha incansablemente e irrenunciablemente por sus derechos. Estas son situaciones emergentes que una vez más evidencian que hay una profunda injusticia, un pueblo bajo ocupación militar, un estado de opresión permanente, sojuzgamiento, explotación, hay una situación de apartheid que creíamos eliminada del mundo cuando se liberó Sudáfrica. En Cisjordania, el territorio son pequeñas islas desconectadas entre sí. Las carreteras que existen sirven para conectar los asentamientos israelíes, todos ilegales según la ley internacional. Súper carreteras por las que no pueden transitar palestinos, solo israelíes.

Cuando ves estos modelos de segregación, esto radica en una cuestión más profunda que es la incapacidad que tiene el sionismo para mirar al otro como un igual, con iguales derechos, con derecho a una vida, una tierra, a vivir en un Estado común y corriente. No es lo corriente lo que acontece en Palestina, siempre es la excepcionalidad y lamentablemente es tan constante y repetitiva que ha hecho que el mundo pierda su asombro ante la tragedia. Que mueran palestinos en un bombardeo israelí en Gaza es normal, siempre pasa, parece un conflicto sin solución. Lo absorbemos como si fuera normal cuando en realidad están asesinando gente. ¿Cómo compite un pueblo en la Franja de Gaza, que es la cárcel a cielo abierto más grande del mundo, contra la cuarta o quinta potencia militar del planeta? Más aún, con un estado que ha hecho de la opresión militar la razón de ser para invocar lo que ellos llaman el derecho a defenderse y aplastar cualquier protesta o disidencia, no solo contra palestinos sino contra los propios ciudadanos y organizaciones israelíes que denuncian lo que le pasa al pueblo palestino.

AA: Escuchamos al presidente de Turquía decir que Israel actúa como un estado terrorista. Es poco o nada común escuchar esta declaración por parte de gobiernos en el mundo occidental. Más bien, la narrativa dominante es la de la defensa de la "democracia israelí" en contra del "terrorismo palestino". ¿Hay una base objetiva para hablar del terrorismo de Estado de Israel?

El terrorismo es un concepto en el que el mundo aún no ha podido ponerse de acuerdo. Cada actor lo utiliza según su propio proyecto geoestratégico. Pero es indudable que el concepto de terrorismo de estado está perfectamente catalogado. Cuando la represión, persecución, encarcelamiento, asesinato selectivo, demolición de hogares se trasforma en una política de Estado, donde el Estado es responsable por todas esas políticas represivas, hablamos de terrorismo de Estado y no de hechos espontáneos de terrorismo. Se llama terrorismo de Estado porque obedece a una planificación de los actos de terror que las fuerzas represivas van a realizar en contra de su propia población o en contra de una población bajo ocupación como los palestinos. Existe la intención dolosa de crear daño a un pueblo bajo ocupación, o a su propio pueblo como fue el caso de las dictaduras en América Latina, utilizando todos los mecanismos del estado para conseguir su objetivo.

Eso pasa en Israel, en este caso la víctima es el pueblo palestino. Podemos decir sin temor a equivocarnos que aquí existe el terrorismo de Estado. No es gratuito que la Corte Penal Internacional (CPI) haya iniciado una investigación en contra de Israel por crímenes de guerra cometidos en la Franja de Gaza con sus bombardeos, pero agregando un factor que no es menor: la colonización de los territorios palestinos. La colonización es un crimen de guerra. La cuarta convención de Ginebra tiene un artículo que habla del principio de transferencia de población y dice que ningún país que ejerza ocupación militar puede reemplazar a población originaria por población de la potencia ocupante. Eso constituye un crimen de guerra perfectamente tipificado en el derecho internacional y plausible de ser sancionado por tribunales internacionales. Ese es el temor israelí, por eso Israel le prohibió el ingreso a la fiscal Fatou Bensouda, jefe de la CPI. Cuando el presidente Erdogan habla de terrorismo de Estado israelí o cuando yo lo menciono es porque existe el fundamento legal y legítimo para llamarlo de esa forma.

AA: Como representación de la comunidad palestina en Latinoamérica, ¿qué llamado hacen a los países de la región para que asuman una posición más sólida frente a las agresiones de Israel?

Es importante rescatar un hecho que no es menor: de todos los países de América Latina hay solamente dos que no han reconocido a Palestina como Estado independiente y soberano, que son México y Panamá. Todos los demás reconocen a Palestina como estado soberano. Ese ha sido un gran paso que ha dado América latina, no tanto en apoyo estricto a la causa palestina, sino que muestra una línea clara de respeto al derecho internacional. Han entendido que reconociendo al Estado palestino ponen a Palestina en pie de igualdad con Israel para establecer cualquier negociación tendiente a lograr un acuerdo de largo plazo. En América Latina y el Caribe, como COPLAC nuestra obligación es reunir la mayor cantidad de solidaridad posible para accionar a favor del respeto a la libre autodeterminación del pueblo palestino. Actuamos en nuestros ámbitos nacionales para ejercer algún tipo de influencia sobre nuestros gobiernos, autoridades, sociedades civiles, para llevar claridad, concientizar y reunir el mayor apoyo posible para que Palestina logre su independencia.

Por ejemplo, pedí al Mercosur que emitiera un comunicado y que suspendiera las prerrogativas que le ha concedido a Israel al firmar un tratado de libre comercio, que lo deje en suspenso como medida de presión para que Israel pare la represión y los bombardeos en el territorio palestino. Ese es nuestro accionar, buscar que nuestras autoridades condenen y condicionen sus relaciones con Israel, porque Israel no va a ceder un centímetro si no existe la voluntad de ejercer medidas coercitivas en contra de sus políticas para que se respete el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y a construir su Estado.

Fuente: https://www.aa.com.tr/

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