viernes 23 de julio de 2021 - Edición Nº325

Cultura | 17 jun 2021

Por Carlos Riedel

El Asesinato de Paco Urondo

Publicamos aquí una nota de Enlace crítico que entre otras cosas incluye el testimonio de René Ahualli, la turca, sobreviviente de la emboscada a Paco Urondo. René vive en Tucumán y tenemos el placer de haber conversado con ella. A sus 80 años posee una lucidez envidiable y un espíritu militante digno de imitar. Vaya nuestro recuerdo al gran poeta y militante Paco Urondo y nuestro saludo a nuestra cumpamiga y sobreviviente la turca . Ambos iluminan nuestro camino hacia una Patria libre, justa y soberana.


Poeta, novelista, dramaturgo, periodista y guionista cinematográfico, director de Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional del Litoral, primer director Provincial de Cultura de Santa Fe, director del Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires, colaborador de La Opinión, El Mundo, Crisis, Noticias y Eco Contemporáneo. Militante político de la organización Montoneros, fue rematado de dos disparos en la cabeza en Guaymallén luego de un enfrentamiento con una patrulla del Ejército. Autor de Historia antigua, Breves, Del otro lado, Todo eso, Al tacto, Los pasos previos, La patria fusilada. Nació en Santa Fe el 10 de enero de 1930.

"No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo." –dice Juan Gelman– corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso y sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra. Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento."

Testigos de las últimas horas del poeta y referente de Montoneros y su propia hija, detallaron las circunstancias de su trágico final.

Renée Ahualli testimonió ante el tribunal que intentaba dilucidar la muerte del poeta y la desaparición de Alicia Raboy, pareja del escritor. El de Ahualli no fue un testimonio más.

Ante los magistrados relató  una persecución por las calles de Dorrego y un tiroteo que culminó en Remedios de Escalada y Tucumán en localidad de Guaymallén, con la muerte de Urondo y la desaparición de Raboy, allá por junio del 76. Y en el medio de la historia de sangre y fuego, irrumpió la hija de ambos, Angela Urondo Raboy, que también pudo atestiguar y poner un hito feliz en ese cuento amargo.

Es que en ese Renault 6 también viajaba Angela, de apenas 10 meses. Durante la persecución, era arrullada por las balas, mientras descansaba en el piso del auto, entre las piernas de su madre, delante del asiento del acompañante.

Urondo era un prominente escritor y periodista. Además era un hombre importante en la estructura de Montoneros. En mayo del 76, llega a Mendoza para hacerse cargo de la regional Cuyo de la organización. Unos días después, cuando el poeta se acomoda en una casa de San José, viaja Raboy con la pequeña Ángela.

Los acontecimientos de la tarde del 17 de junio del 76 comienzan con la llegada de Ahualli a una "cita de control", en la que debía encontrarse con otras dos personas, Urondo y otro desaparecido, cuyas circunstancias también están bajo análisis del tribunal: Rosario Aníbal Torres, un personaje que se vuelve clave en el desenlace de la vida de Urondo.

Volviendo a las citas de control, eran la forma de contacto entre los militantes de una fuerza que operaba en la clandestinidad. Periódicamente, en fechas previamente fijadas, se producían estos encuentros, en un tramo de cinco cuadras, para simular que el azar intervenía en la reunión y una caminata era la excusa para pasar la información.

Ahualli relata que ya no se juntaban en bares, porque "muchos compañeros habían caído en las citas".

Francisco Urondo nació en Santa Fe en 1930. Poeta, periodista, académico y militante político, Paco Urondo dio su vida luchando por el ideal de una sociedad más justa.

La cita mortal

El lugar de la cita en cuestión es la calle Guillermo Molina de Dorrego, en sus primeras cinco cuadras, contadas desde Brandsen, a metros del puente Brasil.

La memoria de La Turca es frágil, dice Pedro Molina, distante a muchas cuadras de ese lugar.

Al llegar, Ahualli ve un Renault 6 verde conducido por Urondo, acompañado por Raboy, quien traía en su regazo a Angela. "Paco me dijo que había algo raro", relata Ahualli.

El poeta decide volver cinco cuadras por una calle paralela y retomar Molina. La Turca dice ser experta en disfraces por su vinculación con el teatro, por eso reconoce gente con pelucas en el trayecto. Luego ve un Peugeot 504 rojo que supo ser vehículo de los Montoneros mendocinos.

Dentro del auto ve a Torres, flanqueado por otras dos personas de civil. "Le dije a Paco, rajemos", cuenta. Urondo acelera y el Peugeot inicia la persecución.

Según el relato de Ahualli, dieron varias vueltas por las calles de Dorrego. Empiezan los disparos desde el Peugeot rojo. En ese momento, "Paco me pasa una pistola" dice Ahualli y ella y Urondo empiezan a disparar por las ventanillas del auto. Una bala de los perseguidores rebota en los hierros del auto, atraviesa una de las piernas de La Turca y se aloja en la otra.

Luego de muchas vueltas, doblan por Remedios de Escalada hacia el norte, tienen un roce con un Rastrojero y llegan a la esquina de Tucumán.

Urondo detiene el auto, dice a las mujeres que se bajen. "Dijo que se sentía mal porque había tomado la pastilla", rememora Ahualli, refiriéndose a una cápsula de cianuro, la forma de evitar la tortura y la delación.

Ambas se bajaron. Raboy, con su hija en brazos, se mete al corralón que había en el sitio dónde hoy atiende un supermercado chino. Allí es detenida. Nadie más la vió. A Angela también se la llevaron y fue dejada en la Casa Cuna y allí fue encontrada por la madre de Alicia Raboy, después de hábeas corpus y muchas diligencias en oficinas policiales y del Ejército.

Pero esto no lo vio La Turca. Herida en ambas piernas, bajó por Tucumán hasta una casa que tenía cactus en el jardín. Alguien la ayudó a trepar por la medianera del fondo y caer en un baldío.

Caminó hasta Dorrego y esperó un trole. En el trole volvió a pasar por la esquina dónde Urondo recibió algunos golpes que le produjeron hemorragia cerebral y la muerte. Allí volvió a ver a Torres dentro del Peugeot. Nunca más fue visto.

La Turca, sobre el trole Dorrego, salió de la zona peligrosa y se perdió en la ciudad mientras caía la noche del 17 de junio del 76. Urondo terminó en la morgue. Allí, su hermana Beatriz recuperó el cuerpo y lo llevó a Provincia de Buenos Aires, para enterrarlo en el cementerio de Merlo.

Sobre su muerte Rodolfo Walsh escribió:

"El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era una sangría permanente desde 1975, nunca se la pudo mantener en pie. El Paco duró pocas semanas… Fue temiendo lo que sucedería. Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución, un tiroteo de los dos coches a la par. Iban Paco, Lucía con la nena y una compañera. Tenían una metra, pero estaba en el baúl. No se pudieron despegar. Finalmente Paco frenó, buscó algo en su ropa y dijo: «Disparen ustedes». Luego agregó: «Me tomé la pastilla y ya me siento mal». La compañera recuerda que Lucía le dijo: «Pero, papá, ¿por qué hiciste eso». La compañera escapó entre las balas, y días después llegó herida a Buenos Aires… A Paco le pegaron dos tiros en la cabeza, aunque probablemente ya estaba muerto."

En 2011, varios policías fueron condenados por su muerte y la de otras 23 personas. La pena máxima recayó sobre el ex comisario inspector Juan Agustín Oyarzábal, el ex oficial inspector Eduardo Smahá Borzuk, el exsubcomisario Alberto Rodríguez Vázquez y el exsargento Celustiano Lucero. El exteniente Dardo Migno recibió 12 años de cárcel.

Durante el juicio se pudo determinar que no se suicidó tragando una pastilla de cianuro, sino que seguramente le mintió a su pareja para quedarse en el automóvil como blanco fácil de los policías, e incitarla a escapar con su hija de dos años. Urondo falleció por estallido de cráneo provocado por un culatazo de fusil que le propinó el policía Celustiano Lucero.

"Empuñé un arma porque busco la palabra justa."

PACO URONDO

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