jueves 29 de octubre de 2020 - Edición Nº58

Economía y Política | 20 sep 2020

Por BETO PIANELLI

DESPUÉS ES AHORA

Hay que generar una mayoría que sostenga el proyecto nacional y popular y derrote a una minoría intensa


Fugaron un PBI

Enormes cantidades de producción han dejado grandes ganancias que no se han reinvertido para que la rueda continúe su camino. Lxs trabajadorxs, víctimas del retiro de esos capitales enviados al circuito financiero, ya no pagarán sus deudas porque serán desocupados y excluidos. El regreso a esa normalidad solo será útil para un grupo muy pequeño de fugadores, y no para las mayorías populares. Si no hay producción, no hay consumidores ni demanda. Millones de trabajadorxs esenciales se movieron y dejaron su vida para garantizar el abastecimiento y los servicios durante la pandemia. Sin embargo, muchxs de ellxs están entre los ninguneadxs y precarizadxs por el sistema. Eso debe cambiar.

 

Serruchan la democracia

La herencia recibida de arranque por el gobierno de Alberto Fernández expuso con crudeza sus aspectos sociales y económicos. Se añadió un costado cruel y urgente que es la crisis sanitaria desatada por la pandemia, con el impiadoso arrastre del miedo por preservar la fuente de trabajo.  La discusión sobre el después es ahora, so pena de que las graves consecuencias arrastren al sistema político.

 

 

El lomo de la ballena

La pandemia dejó notables evidencias que marcarán a fuego el día después en el mundo del trabajo; es una agenda de temas que ya están instalados:

  • El Estado volvió para quedarse.
  • La distribución de la riqueza es desigual.
  • Hay mucho por hacer en cuanto a la protección social del trabajo (9.000.000 de IFEs).
  • Hay que reglamentar la equidad en el trabajo de las plataformas, el sistema de cuidados y el teletrabajo.
  • Corresponde reformular las políticas de salud y seguridad laboral.

 

 

Una democracia genuina

Si, como hace cien años, los trabajadores que combatieron en la Primera Guerra Mundial  y soportaron la gripe española dieron un paso al frente y lograron institucionalizar sus derechos en la OIT, así como las mujeres que trabajaban en la industria durante la Segunda Guerra reclamaron y obtuvieron el sufragio femenino, es hora de un reconocimiento a quienes trabajan, a lxs esenciales de la pandemia, para que puedan intervenir en la toma de decisiones que afecten a su bienestar. Es imprescindible discutir la necesidad de llevar más y mejor democracia a las empresas, a los comités de salud y seguridad laboral, crear espacios de participación para el debate de intereses comunes.

 

 

Historia de la OIT

Las acciones en favor de una organización internacional que enfrentara temas laborales se iniciaron en el siglo XIX y fueron lideradas por dos empresarios, Robert Owen (1771-1853), de Gales, y Daniel Legrand (1783-1859), de Francia. La fuerza que impulsó la creación de la OIT fue provocada por consideraciones sobre seguridad, humanitarias, políticas y económicas “movidas por sentimientos de justicia y humanidad así como por el deseo de asegurar la paz permanente en el mundo”. Tras la guerra y la enfermedad había un verdadero reconocimiento a la importancia de la justicia social para el logro de la paz, en contraste con un pasado de explotación de lxs trabajadorxs en los países industrializados de ese momento.

 

 

Hora de cambios profundos

Si la ganancia se opone a los derechos elementales, hay injusticia. Nuestro país tiene a favor (según se mire) que además de la pandemia debe remontar cuatro años de políticas que significaron una fuerte destrucción de las fuerzas productivas. Esto daría legitimidad a la aplicación de cambios económicos que prometen brindar un alto grado de aceptación a toda medida en ese sentido. El asistencialismo recortado, pero elevado a la máxima potencia histórica, deja las bases para consagrar el ingreso universal mínimo o ingreso ciudadano. Es mucha plata dentro del presupuesto, pero no mueve el amperímetro de la economía.

 

 

Trabajo+Capital+Estado

Un paradigma generalmente aceptado es que lxs capitalistas son propietarixs y como tales tienen derecho pleno sobre la empresa. Los años buenos se la llevan toda y los años malos las pérdidas van a la cuenta de lxs trabajadorxs. Por eso tienen derecho a suspender, a despedir y no tienen que responder con sus ganancias por eventuales pérdidas propias del riesgo de invertir para obtener una renta. La verdad no es esa. Una unidad laboral está compuesta principalmente por los trabajadores que generan la ganancia y por el Estado que regula el esfuerzo social y brinda una organización del trabajo (convenios, jornada), que obedecen a razones de salud pública y funcionamiento social.

 

 

Participación o la nada

La crisis supone problemas en todas las cuestiones. Desde la cuestión del valor de los salarios a la distribución de utilidades de renta y participación de las ganancias consagradas en la Constitución Nacional  y el problema de la propiedad capitalista versus la utilidad social. El rezo republicano de Raúl Alfonsín está en deuda con las mayorías populares. Hace falta ampliar la democracia para que los trabajadores puedan opinar con libertad y decisión sobre temas que los afectan directamente. ¿Cómo se va a realizar un protocolo de salud sin la participación de quienes se juegan la vida luego?  La tensión salud-ganancia es con participación obrera, o no existe.

 

 

Factores de poder

Las organizaciones populares de la sociedad deberían hacer lo imposible por llegar a la post-pandemia con una relación de fuerzas favorable para con los diversos factores de poder, con las bases sindicales, las organizaciones sociales, lxs excluidxs y oprimidxs entendiendo la pelea que se abre por la “frazada corta” de la economía, la escasez de recursos de una economía en crisis. El fin de la peste no implica la redención del neoliberalismo o el capitalismo que conocemos y menos aún en su fase de predominio financiero.

 

 

Hacia un nuevo orden

La recesión global que conllevó la peste abre las puertas de dos salidas posibles:

  1. Ganan ellos y los Estados nacionales quedan definitivamente como guardias represivas de sus intereses, o
  2. Gana la humanidad en sus expresiones políticas y se impone un nuevo orden donde el Estado actúa como tal y ordena las políticas económicas en términos sociales, con una garantía asistencial mínima indispensable y con un nuevo plan estatal para expandir el desarrollo de las fuerzas productivas.

 

 

Bancar este proyecto

Se trata de generar una fuerte mayoría que sostenga el proyecto nacional y popular y que derrote la recurrente estrategia de esa minoría intensa con un enorme potencial de daño. No deberá haber medias tintas políticas ni discursivas. Tenemos que terminar con nuestro lenguaje comunicacional establecido por el neoliberalismo y hablarle con claridad a la mayoría del pueblo. No debemos temer confrontar con ellos en todos los terrenos. La conflictividad es inevitable, pero debemos debatir cómo hacerlo con legitimidad y acumulación de fuerzas. Si no lo logramos, el ajuste va a ser sobre los más débiles e indefensos.

Publicada en El Cohete a la Luna (20/09/2020)

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